jueves, 28 de marzo de 2013

EL FRACKING: NUEVO DEBATE INCULTO

"España es un país donde rige la pasión más que el raciocinio,
donde todo amor es sublime y todo rencor implacable”
"No sabemos vivir sin pasar de una exageración a la contraria.
O somos enteramente optimistas, o pesimistas del todo".

Lucas Mallada. Los males de la Patria, 1890.

En este País que todavía se llama España, pero el que si gentes como las de UPyD no lo remedian, camina con paso firme hacia algo indeterminado que ni siquiera se podrá llamar Federación o República Federal Ibérica, se producen con demasiada frecuencia debates donde priman la demagogia, el sectarismo y la incultura, por encima de la racionalidad, el conocimiento científico, el interés general y la buena práctica política. No hemos cambiado mucho desde que Lucas Mallada (1841-1921) ingeniero de minas, geólogo, paleontólogo, y profundo conocedor de las gentes y tierras de España, escribió el lema-epígrafe que encabeza este artículo. Sus estudios sobre minería y geología lo llevaron a recorrer durante años gran parte del territorio hispano y los más recónditos lugares. Adquirió importantes conocimientos sobre las posibilidades mineras y sobre la geología de la Península Ibérica, pero también, su profundo humanismo lo hizo reflexionar sobre la situación social y política de la época. En, "Los males de la patria. La futura revolución española", repasó cumplidamente sus causas y analizó la situación, reflejando un gran pesimismo. Fue criticado por ello, igual que otros regeneracionistas del siglo XIX más implicados en política como Joaquín Costa.

Un nuevo debate que lleva camino de resultar estéril y de atrincherar a la sociedad española en dos bandos irreconciliables, está aflorando con fuerza en estos últimos meses: el fracking. Este "palabro" acuñado en Estados Unidos como forma abreviada y sincopada de fracturing, hace referencia a una técnica muy utilizada desde hace décadas para estimular la extracción de hidrocarburos del subsuelo. Descrita de forma simple, consiste en inyectar un fluido a presión (normalmente agua, aunque ya se está experimentando con gases inertes) en las capas profundas que contienen hidrocarburos, pero que permanecen atrapados en poros no conectados. El objetivo es romper la roca y producir pequeñas fisuras que enlacen los poros. De esta forma, el hidrocarburo contenido en ellos puede fluir y circular hasta la superficie por un tubo colocado a tal fin mediante un sondeo. Dicho con un lenguaje un poco más técnico: se trata de convertir la porosidad cerrada en permeabilidad, o lo que es lo mismo, en porosidad efectiva, para permitir que circulen los fluidos contenidos en los espacios intersticiales de las rocas.

El auge del fracking, o extracción de hidrocarburos por la técnica de estimulación por fracturación hidráulica como debe describirse en español, se desarrolló en Estados Unidos a partir de la década de los años ochenta del siglo pasado. Mitchel Energy, una compañía de prospección, perfeccionó el método para favorecer la circulación de gas en las pizarras poco permeables (shale-gas) que constituyen generalmente la roca madre donde se forma el petróleo. La técnica se compone de dos fases. Durante la primera, se perfora un pozo vertical de diámetro variable según la profundidad a la  que se encuentre la formación geológica que contiene el hidrocarburo que se desea explotar. Una vez alcanzado el objetivo, se perfora en horizontal durante kilómetros para obtener el mayor rendimiento posible. Se introduce una gran cantidad de agua a presión mezclada con arena o granos cerámicos, algunos productos químicos para favorecer la circulación de los fluidos, biocidas para evitar la proliferación de bacterias, etc. Por último, se recupera gran parte del agua inyectada que se depura y pasado un periodo de tiempo, que puede ser largo, fluye el hidrocarburo y puede extraerse. El proceso de inyección de agua se realiza solo en la fase de fracturación, no en la de explotación. La figura adjunta, muestra la sección vertical de una explotación profunda con este tipo de sondeos una vez completado el proceso que dura unos dos o tres meses. La profundidad que se alcanza está comprendida normalmente entre 2.000 y 4.000 m aunque profundidades mayores son también frecuentes.



¿Y por qué surge ahora este debate con tanta fuerza? La respuesta es sencilla pero las razones y las derivaciones de todo tipo que surgen de él son complejas de analizar. El debate nace de la necesidad de disponer cada vez de mayor cantidad de energía para el desarrollo económico y social. Al mismo tiempo, se pretende una reducción de los precios, una mayor seguridad en el suministro, las mejores, si no óptimas, condiciones medioambientales posibles para la producción industrial de bienes de consumo y la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. España es, por su situación geográfica y por su producción nacional, un país con un fuerte déficit de energía primaria y, en particular, en  productos derivados del petróleo. Según datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos, en el año 2010 nuestro grado de autoabastecimiento fue solo del 0,4%. En Europa, la crisis económica y las presiones políticas de algunos países, han puesto de manifiesto una  problemática que no se había planteado antes con las dimensiones actuales. El origen es el mismo, la necesidad de encontrar mejores soluciones al problema energético.

El ejemplo de Estados Unidos ha influido de forma decisiva. La aplicación masiva de estas técnicas en las explotaciones del llamado gas no convencional, gas pizarra o shale-gas en inglés, ha cambiado de forma radical su panorama energético. Ha beneficiado a los consumidores por la bajada de precios, ha influido muy favorablemente en su economía y ha contribuido a reducir significativamente la emisión de gases de efecto invernadero. Conviene recordar que en este país, aproximadamente el 50% de la energía eléctrica se produce por uno de los sistemas más contaminantes que existen: la quema de carbón. Ahora, el 55% de sus hogares tienen calefacción por gas natural a los precios más bajos de la última década. Están a punto de alcanzar el autoabastecimiento y de convertirse en exportadores de gas natural. Por otra parte, no han existido  grandes problemas sociales ya que los estadounidenses conviven con la economía del petróleo desde hace muchas décadas y la legislación es muy diferente de la europea. Este contraste se observa perfectamente en la película Gigante, donde un esforzado James Dean perfora en su propiedad el primer pozo de petróleo de la región. Nadie puede evitarlo porque el derecho norteamericano permite este tipo de actuaciones a los propietarios particulares.

Otro buen ejemplo es el de Canadá. Ha perforado 170.000 pozos, con grandes ventajas para su economía y, curiosamente, para el desarrollo ganadero de algunas comarcas gracias a un mejor y más racional aprovechamiento de las aguas subterráneas.



Pozo de gas no convencional en producción, después de la restauración del terreno.

Sin embargo, no todo es apacible. En Pennsylvania, la propietaria de una granja de 72 hectáreas, autorizó en 2008, bajo unas condiciones económicas muy favorables, la prospección por fracking en su finca, del gran yacimiento contenido en la formación Marcellus, unas pizarras del Devónico de Los Apalaches, de aproximadamente 400 millones de años de edad. La pagaron 1.000 $ mensuales hasta que el pozo bajó su rendimiento y la regalía descendió a 100 $. Dos años más tarde, grabó un vídeo que ha dado varias vueltas al mundo y que se utiliza de forma absolutamente demagógica por amplios sectores interesados en que no se debata este tema de forma racional. En el vídeo, se observa que el agua sale del grifo mezclada con metano y prende al acercarle una cerilla. A pesar de que como relata un compatriota suyo "hay focos naturales de gas natural en todo el área. Se filtra en el agua de forma natural. Mi tío abuelo encendía fuego con el agua de su finca hace 40 años" y de que estudios científicos rigurosos (2) han demostrado que nada tiene que ver la técnica con el problema de esta estadounidense, la grabación se sigue utilizando en contra de la aplicación de la técnica. No parece suficiente explicar que además de que existe el gas biogénico, que nada tienen que ver con el termogénico propio de los yacimientos de hidrocarburos, el petróleo y el gas migran de forma natural y tienden a ascender hasta la superficie terrestre si encuentran rocas permeables o fisuras que lo permiten. 

Sin necesidad de cambiar de continente, pueden encontrase fenómenos similares que nada tienen que ver con la fracturación hidráulica. Por ejemplo, en la localidad de Sigüenza (Guadalajara) hubo hasta el siglo pasado un manantial al que llamaban la fuente del petróleo. El avezado lector puede deducir por qué. La compañía Shell y la Junta de Energía Nuclear, realizaron en 1978 un sondeo en la zona (S-44-3) que solo alcanzó una profundidad de 999 metros y que abandonaron por problemas técnicos.


Fase de sondeo de exploración de gas en Pennsylvania, EE.UU.

En Europa, hasta ahora, la situación ha sido muy diferente de la norteamericana. Los grandes yacimientos de petróleo están situados en el Mar del Norte y no han causado excesivas molestias a la población. Por tanto, la técnica del fracking permanece casi inédita. Los primeros pozos se han perforado recientemente en Polonia. Sin embargo, el panorama europeo empieza a cambiar con rapidez condicionado por la crisis económica. Países como Polonia, con importantes yacimientos de este gas no convencional en pizarras o en capas de carbón, no renuncian a su explotación. Presionan a la Unión Europea para que apruebe una directiva favorable. En Alemania, la canciller Angela Merkel, por razones electoralistas, ha decretado una moratoria nuclear que obliga a buscar otras fuentes de energía que suplan el déficit y ha visto una buena oportunidad en el shale-gas. El Reino Unido parece incorporarse también a los países favorables a este tipo de técnica, puesto que sus yacimientos del Mar del Norte no serán eternos. Lo mismo empieza a suceder en Holanda y en otros países productores que se benefician de las reservas de esta enorme cuenca petrolífera. Por el contrario Francia, con una superproducción de energía eléctrica de origen nuclear, necesita exportar su excedente y se muestra, por ahora, contraria al empleo del fracking.

En España, aunque no existe una evaluación suficientemente precisa, las posibilidades de explotación de este recurso natural, aunque no muy altas, son mayores que las de cualquier otro tipo de hidrocarburo. Un informe reciente realizado por la empresa GESSAL estima en una media de 2.500 miles de millones de metros cúbicos de gas, las reservas que puede contener el subsuelo español. Esta cantidad podría significar, al ritmo de consumo actual, el autoabastecimiento durante unos 70 años. No será así porque el nivel real de recuperación de los hidrocarburos no es muy alto y porque en muchas zonas no podrá extraerse por razones de otra índole. Pero en todo caso, supone también una buena oportunidad para España de ampliar el conocimiento del subsuelo, de crear puestos de trabajo y de obtener un grado aceptable de suficiencia energética que permitiría, además, continuar el necesario pero paulatino cambio hacia las energías solares (eólica, termosolar o fotovoltaica).

Sin embargo, la irracionalidad ya está presente. Incluso, cuando apenas han comenzado algunas investigaciones que solo incluyen la cartografía de las formaciones geológicas que afloran en superficie, los ecofundamentalistas, catastrofistas y radicales de todo tipo, pontifican sobre los graves peligros que acechan a la población española en el caso de utilización de esta técnica. Algún medio de comunicación como El País, un excelente periódico pero en otra época ya pasada, roza el ridículo cuando se apresura  a redactar una tendenciosa información sobre los terremotos que el fracking  ha producido en la región holandesa de Groningen. Puede  leerse en el siguiente enlace:

Hubo de rectificar  enseguida,  e incluyó al final del artículo una escueta fe de errores en la que confirmaba que en esa región de Holanda, nunca se había utilizado la técnica para la extracción de gas llamada fracking.

Ridículo también es el que ha hecho la Junta de Andalucía ante las disparatadas afirmaciones y protestas de algunos vecinos de la localidad jienense de Torreperojil que atribuían al fracking los terremotos que han padecido desde octubre del año pasado. La Junta envió inspectores a la zona para controlar las actividades de la empresa en el permiso de investigación que ella misma había concedido. Como es natural, solo encontraron técnicos con mapas, fotografías aéreas y lápices de colores, realizando cartografía geológica y tomando muestras de rocas superficiales. Podría disculparse el escaso o nulo conocimiento que estos responsables políticos tienen de la forma de trabajar en un permiso de exploración que han aprobado y cuyas fases de trabajo deben conocer perfectamente. Pero es inaudito que consideren la posibilidad de que una empresa realice un sondeo cuyo coste medio está comprendido entre los 6 y los 8 millones de euros, sin los debidos permisos y sin la total garantía de que no tendrán ningún problema medioambiental o jurídico. Esta actitud, solo se comprende desde la mentalidad de responsables políticos que piensan que el dinero puede gastarse con total irresponsabilidad. Sería demagogia citar aquí el caso de los ERES en Andalucía y por eso, no lo hago.

Los riesgos de la exploración y explotación de gas no convencional son perfectamente evitables y en su caso, controlables con los conocimientos técnicos y científicos que se poseen en la actualidad. Basta con establecer  de forma clara las condiciones jurídicas y de seguridad medioambiental con las que deban operar las empresas y con las que los políticos puedan autorizar este tipo de actuaciones. Es necesario que la legislación exija y garantice, la buena práctica empresarial, pero que también proporcione seguridad a los inversores y a las empresas operadoras. No puede volver a repetirse la escandalosa gestión que de la energía fotovoltaica hizo el Gobierno del inefable José Luis Rodríguez Zapatero y que ha provocado la ruina de muchos inversores que confiaron en la seguridad jurídica que ofrecía la garantía del Estado.

Los comunistas de IU intentan liderar el movimiento de oposición a esta técnica. Nada dijeron en su día de los vertidos de petróleo de la Unión Soviética en Siberia occidental y en el Ártico, la mayor contaminación producida en el mundo por este recurso energético y que aún continua. ¡Pero claro! eran otros tiempos. También entonces eran partidarios de la energía nuclear y de la fabricación de bombas atómicas. En Ucrania, la tristemente celebre "Central Eléctrica Nuclear Memorial V.I. Lenin"  más conocida ahora como de Chernobyl, también generaba plutonio, e imbricaba en este gran complejo de seis reactores, lo civil y lo militar. En diciembre del año pasado, el grupo parlamentario IU-ICV-EUIA, CHA, Izquierda Plural, presentó en el Congreso de los Diputados una Moción, consecuencia de una Interpelación Urgente al Gobierno, pidiendo la aprobación de una ley en el plazo de tres meses que prohíba la técnica del fractura hidráulica en España y la suspensión, entre tanto, de todas las autorizaciones de exploración concedidas hasta ahora. Esta proposición, solo recibió una cumplida, amplia, argumentada y no demagógica respuesta: la del Portavoz Adjunto de Unión Progreso y Democracia, Carlos Martínez Gorriarán que puede verse integra en el enlace:

Por último, convine aclarar que la UE, por la falta de una postura común sobre el tema, ha dejado libertad a sus Estados miembros para que decidan lo que consideren adecuado. La legislación española no es suficiente para garantizar la seguridad ambiental de los ciudadanos frente a supuestas actuaciones incorrectas o abusivas de las compañías de extracción de shale-gas. Es urgente por tanto, modificar algunos aspectos contenidos en la ley de Hidrocarburos, en la Ley de Residuos y Suelos contaminados y en la ley de Evaluación de Impacto Ambiental. Además, se debe exigir al Gobierno que, cuanto antes, defina de forma clara y precisa los estándares de referencia por los que autoriza o autorizará las exploraciones y explotaciones de este tipo, unificando criterios para las diferentes CCAA y estableciendo una legislación específica de construcción y cementación de los pozos para estos fines, porque tampoco existe en la actualidad.

Pero España no debe renunciar a la exploración y en su caso explotación de este recurso natural, siempre que se cumplan las necesarias garantías medioambientales. Todo ello sería actuar con responsabilidad y sin demagogia, pero... ¿será posible? o Lucas Mallada acertará una vez más en el diagnóstico de los modos y maneras de la Sociedad española.