lunes, 20 de noviembre de 2017

PATRIMONIO NATURAL Y GEOPARQUES. Una oportunidad para el Desarrollo Sostenible

Publicado en El Asterisc* Opiniones y Notas al Margen. Ciencia y Cultura 

Por Alfonso Sopeña 20 Noviembre, 2017


Cañón del río Tajo desde el Mirador de Zaorejas, Guadalajara

Aunque el proceso de reconociendo de la necesidad ineludible de lograr un equilibrio entre seres humanos y naturaleza es muy lento, parece que, por fin, la exigencia de la preservación del Medio Natural, cala como lluvia fina en amplios sectores de la población mundial. Hace ya más de cuarenta y cinco años que en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), aprobó el Tratado Internacional que contempla, por primera vez, la íntima relación que existe entre la conservación de la naturaleza y la preservación de lugares y culturas singulares. No ha sido un acuerdo banal, tanto por su carácter universal, ya que lo firmaron ciento noventa y cinco países, como por las consecuencias posteriores que ha tenido. 
El artículo dos del texto de la Convención, considera Patrimonio Natural:
  • Los monumentos naturales constituidos por formaciones físicas y biológicas, o por grupos de esas formaciones, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico.
  • Las formaciones geológicas y fisiográficas en zonas perfectamente delimitadas que constituyan el hábitat de especies animales o vegetales amenazadas y que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista estético o científico.
  • Los lugares o zonas naturales que, perfectamente delimitadas, tengan un valor excepcional y universal, desde el punto de vista de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural.
Con estos criterios, el 17 de noviembre de 2015, todos los Estados Miembros de la UNESCO, dieron un paso decisivo al ratificar la creación una nueva figura de carácter internacional: Los Geoparques Mundiales de la UNESCO. La decisión, que fue tomada en la Conferencia General, Órgano de Gobierno de esta organización, reconoce la importancia de la gestión holística de los lugares geológicos y de los paisajes distribuidos por toda la superficie terrestre, donde mejor se puede examinar la historia de nuestro Planeta. De esta forma, el conjunto de los Geoparques Mundiales de la UNESCO repartidos por todo el mundo, permiten elaborar el relato de los 4.600 millones de años de historia de la Tierra, abarcando, los acontecimientos geológicos que le dieron forma, la aparición y evolución de la vida y, en las últimas decenas de miles de años, la evolución de la humanidad misma. Por otra parte, estos territorios, no muestran solo las evidencias de los cambios climáticos del pasado, también informan a las comunidades locales de los desafíos actuales y las ayudan a prepararse buscando resiliencias para posibles terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas y otro tipo de riesgos y peligros naturales.

En estos momentos, como puede verse en la Web Unesco Global Geoparks, hay ciento veintisiete Geoparques repartidos por diversos países de todo el mundo. Después de China, que por su gran extensión y diversidad dispone de treinta y cinco, España es el país que ocupa el segundo lugar mundial, con doce Geoparques distribuidos por toda la geografía española, tanto peninsular como insular.


El pequeño cuadernillo titulado “Geoparques. Los destinos más innovadores del turismo sostenible” aparecido en octubre de 2016, pone a disposición de cualquier visitante, de forma gratuita, las principales características de los once Geoparques españoles reconocidos hasta el momento de su publicación.

Sin embargo, conviene remarcar que obtener la consideración de Geoparque de la Red mundial y europea de la UNESO, es un proceso largo y difícil. Para que un determinado territorio sea incluido en la red mundial, no basta que su Patrimonio Geológico sea excepcional, debe cumplir, además, otras condiciones que proporcionan un importante valor añadido a la comarca que lo consigue.

Son tres los requisitos ineludibles:
  • Un patrimonio geológico excepcional como hilo conductor y protagonista de cualquier acción que se lleve a cabo dentro de su ámbito territorial.
  • Un proyecto claro y bien definido de iniciativas de geoconservación y divulgación.
  • Además, y muy importante, la potenciación del desarrollo socioeconómico y cultural de la zona. Es decir, un Geoparque debe servir como elemento dinamizador para el desarrollo sostenible de la región considerada.
En la práctica, este tipo de exigencias, se traducen en un cambio radical del patrón que ha caracterizado el turismo en nuestro País. El sol-playa-discoteca, habitual en la época del desarrollismo urbanístico de la mayoría de las costas españolas, se sustituye por un nuevo modelo de turismo alternativo, cimentado en la Sostenibilidad y en la Conservación. Este cambio de paradigma demanda una población responsable, tanto la que visita y utiliza estos espacios naturales de valor excepcional, como la autóctona, que ahora, debe velar celosamente por su preservación. Y no solo por la materialidad del Medio Natural, también y primordial, por el mantenimiento de los valores culturales, de las tradiciones, y de las costumbres. Es la suma de estos factores, la que posibilita hoy el turismo de naturaleza, casi inédito, en estas zonas dormidas y olvidadas. En resumen, se exige algo tan difícil como “cambiar, pero sin cambiar nada” o, al menos, aquello que ponga en riesgo la riqueza de los bienes naturales y del Patrimonio Inmaterial de la comarca. Se trata preservar el binomio Geodiversidad-Biodiversidad evitando el crecimiento expansivo e incontrolado de las infraestructuras y de las zonas urbanas. Todo ello exige una cuidadosa planificación de bienes y servicios y un permanente y estricto control medioambiental que deben ejercer los responsables políticos y la población misma. La supervivencia de estos espacios privilegiados, se basa en impedir su degradación. En el caso de los Geoparques, el control está garantizado por medio de rigurosas evaluaciones externas que llevan a cabo, de forma periódica, comités de expertos internacionales. Las valoraciones, no solo contemplan en grado de conservación o degradación de los espacios naturales, también el nivel de cumplimiento de los objetivos de divulgación y de potenciación del desarrollo socioeconómico y cultural de la zona. Todo ello, de acuerdo con los requisitos establecidos por la UNESCO.

Uno de los arquetipos de este tipo de nuevos escenarios, es El Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo cuya solicitud se inició en año 2006. Situado en un territorio de extrema despoblación, fue incluido en la Red Mundial de Geoparques en la VI Conferencia de Geoparques de la UNESCO celebrada en el año 2014 en Canadá. Es el mayor de España, con una superficie de más de cuatro mil kilómetros cuadrados. Está enclavado en la llamada Serranía Celtibérica española, un territorio con menos de 7,72 habitantes por kilómetro cuadrado, con el índice de envejecimiento mayor de la Unión Europea y la tasa de natalidad más baja. Un desierto demográfico, a pesar de que está rodeado de poblaciones que superan, en conjunto, los veintidós millones de personas. Paco Cerdá, en un delicioso libro de reciente publicación titulado “Los últimos: Voces de la Laponia española” comparte con prosa singular, las sensaciones que experimentó al llegar a Motos, uno de los pequeños pueblos de Guadalajara: “no hallé más que silencio y soledad. No encontré otra cosa que un no-lugar en un no-tiempo, una encrucijada geográfica y mental alejada de toda coordenada conocida”.


Fotografía del paisaje ruinoso de las areniscas rojas del Triásico (252 millones de años de edad) en el Barranco de la Hoz del río Gallo, Guadalajara. Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo.

Pero la desolación, la decadencia, la soledad y el secular abandono de los campos y de los pequeños núcleos urbanos, han sido precisamente los factores decisivos que han conformado, a lo largo del último siglo, un verdadero paraíso de la conservación del paisaje, de la biodiversidad y de los valores naturales de esta amplia comarca interior de la Península Ibérica. A las duras condiciones de vida que el abandono ha sometido a su población, hay que añadir el clima extremo que soporta la mayoría del territorio celtibérico, considerablemente frio en invierno y muy caluroso en verano. Muchas localidades de las provincias de Burgos, Zaragoza, Teruel, Cuenca, Guadalajara o Soria, registran temperaturas invernales que alcanzan, con frecuencia, los mínimos españoles. Dos ejemplos evidentes son los -30º que soportó Calamocha (Teruel) en 1963, o los -28º de Molina de Aragón (Guadalajara) en enero del año 1952. Es precisamente esta última localidad, la que puede considerarse capital del Geoparque y comparte nombre con Parque Natural del Alto Tajo. En la Guía Turística del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo el lector encontrará todo el detalle necesario para disfrutar de las visitar, repasando su historia y eligiendo las rutas, alojamientos, restaurantes y los puntos de mayor interés de observación del Patrimonio Natural y Cultural de la región. Si la Geodiversidad de sus 4.300 kilómetros cuadrados es excepcional para los estudiosos de la Historia de la Tierra, también lo será para cualquiera que se interese por la Biodiversidad y por todos sus valores naturales y culturales. Como dice la Guía de referencia en su introducción “La variedad y riqueza del patrimonio natural y cultural del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo hace imposible identificar una sola característica que lo defina. A su evolución como comarca histórica y señorío independiente, se suma un entorno natural bien conservado y muy variado” … “De hecho, es difícil encontrar en Europa Occidental otro espacio tan extenso y con tal grado de naturalidad, que, en ocasiones, parece que el ser humano no haya plantado nunca su huella”.

Existen varios espacios protegidos incluidos en la Red Natura 2000, tanto dentro del territorio limitado por el Geoparque, como en sus alrededores o en las lindes. Buenos ejemplos de estos últimos, son las Zonas de Especial Conservación de los Sabinares rastreros de Alustante-Tordesilos o los Montes de Picaza, con excepcionales masas forestales de sabina albar, pino silvestre y encinares continentales. Ya dentro de los límites concretos del Geoparque, existen Zonas de Especial Conservación y Zonas de Especial Protección de Aves. El Alto Tajo, la Hoz del río Mesa las Lagunas y Parameras del Señorío de Molina o la Sierra de Caldereros merecen cumplida visita. El Monasterio cisterciense de Buena Fuente del Sistal, el arte rupestre, las pinturas y grabados como los de la Cueva de Los Casares, los restos arqueológicos como el Castro El Ceremeño, o las salinas de origen medieval de Saelices de la Sal, son otros de los grandes atractivos culturales de la región.

Pero sin duda, la cualidad principal que define el Geoparque, es el excepcional y variado Patrimonio Geológico que contiene. Es tan amplio, que sería prolijo repasarlo con detalle. Los interesados pueden consultarlo en la Guía de referencia, en los Centros de Información e Interpretación y en los numerosos Paneles Informativos distribuidos por los lugares más emblemáticos. Sin embargo, cabe destacar aquí por su importancia internacional, dos Lugares de Interés Geológico (LIGs): la localidad tipo donde por primera vez en el mundo se obtuvieron los ejemplares de un mineral característico de la zona que recibió por ello el nombre de Aragonito y el Estratotipo del Jurásico de Fuentelsaz. Un estratotipo es un lugar donde existe la mejor exposición de las rocas en las que puede estudiarse con suficiente detalle, un periodo de la historia de la Tierra o un límite concreto entre estratos geológicos de una edad determinada. Una idea de la importancia de estas localidades es que, en este momento, solo hay en todo el mundo sesenta y cuatro espacios con este tipo de distinción.


Fotografía de uno de los afloramientos del Geoparque de la Costa Vasca en Zumaia, Guipúzcoa.

Por último, es recomendable visitar el sorprendente Museo Comarcal de Molina de Aragón. Se encuentra ubicado en parte de las dependencias del Convento de San Francisco, un edificio cuyo origen se remonta a la segunda mitad del siglo XIII. El Museo, que se debe a la iniciativa privada de la Asociación de Amigos del propio Museo, dispone de diversas salas, en las que, además de otros ejemplares notables, se ha tratado de recoger la riqueza cultural, geológica y medioambiental de la comarca.

Espero que esta breve reseña, escrita en unos días complicados por la situación política que traviesa nuestro País y en la que los que se consideran más ricos quieren separarse de los que creen inferiores, anime a visitar una de las comarcas más olvidadas de España. En ella, se puede aprender, si se olvidó, que hay muchos tipos de riqueza y que la material es, seguramente, la menos valiosa. En todo caso, la visita a cualquiera de los Geoparques españoles, no decepcionara a quienes gustan de la naturaleza en toda su integridad y buscan algo más que la simple contemplación de un bonito paisaje. Desde la magnífica Costa Vasca, con dos de los estratotipos más espectaculares que pueden recorrerse y donde se puede observar la capa que registró el impacto del asteroide que terminó con los dinosaurios hace aproximadamente sesenta y cinco millones de años, hasta la Isla del Hierro en la España más meridional, hay un Geoparque para visitar y aprender algo más, sobre la historia y las vicisitudes de este Planeta, tan nuestro, pero tan maltratado por la especie humana.

Para saber más:

domingo, 16 de julio de 2017

NEGAR EL CAMBIO CLIMÁTICO ES NEGAR LA HISTORIA DE LA TIERRA Y DE LA HUMANIDAD

Publicado en El Asterisc* Opiniones y Notas al Margen. Ciencia y Cultura 

Por Alfonso Sopeña 16 Julio, 2017

El ascenso al trono de la Casa Blanca (entiéndase la ironía) del nuevo presidente de los EEUU, Mr. Donald Trump, quebrantó las esperanzas que el Acuerdo de París alcanzado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático del año 2015, suscitó en los ciudadanos más concienciados sobre este grave problema. El pesimismo inicial se ha confirmado. El pasado junio, el populista irredento que dirige ahora los destinos de los EEUU, anunció, que el segundo país más contaminante de la Tierra abandonaba el pacto logrado por 195 países, es decir, por el mundo entero.

Sin embargo, aún existen amplios sectores de la población que niegan el problema. Utilizan argumentos diversos basados en la ignorancia o en intereses poco confesables. Uno de ellos, esgrimido incluso por profesionales teóricamente conocedores del problema, es: “los cambios climáticos han sido frecuentes a lo largo de la historia de la Tierra”. ¡Pues claro! Negar que durante los aproximadamente 4.600 millones de años que tiene nuestro planeta ha habido cambios climáticos, es negar la historia de la Tierra. La existencia de los seres vivos está íntimamente ligada a un entorno muy determinado de temperaturas, por encima, o por debajo del cual, simplemente, la vida no es posible. La mayor pérdida de biodiversidad conocida se produjo acompañando al cambio climático de finales del Pérmico y comienzos del Triásico (hace aproximadamente 251 millones de años). Se estima que la temperatura de la Tierra ascendió de forma notable y que desaparecieron, entre el 75 y el 90% de las especies marinas y terrestres fósiles conocidas.

En una escala temporal diferente, a nadie se le ocurriría negar que el homo sapiens y sus antecesores, han sufrido grandes calamidades y hambrunas como consecuencia de cambios significativos en el clima. Sería como negar la historia de la humanidad. Las grandes migraciones y mermas de población mundial fueron provocadas, en muchos casos, por tremendas sequias o por periodos de frio glacial. Uno de los más relevantes, es La Pequeña Edad del Hielo que, con variaciones significativas, se prolongó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Los años más fríos conocidos como mínimo de Maunder, fueron los comprendidos entre 1645 y 1715. Esta etapa, se inició con una gran hambruna y terminó de la misma forma. Por ejemplo, la población de Islandia se redujo a la mitad y la de Irlanda, sufrió en esos años un descenso, por muerte o migración, de unos 2,5 millones de personas.

Cambio Climático vs. Cambio Global

Sin embargo… ¿se refiere la actual controversia exclusivamente a este tipo de cambios en la variabilidad natural del clima? La contestación es no. Es necesario aclarar que el tipo de Cambio Climático al que hoy parece estar sometido nuestro planeta es, en realidad, un Cambio Global, entendiendo como tal, el conjunto de cambios ambientales producidos por la actividad humana y, en especial, los cambios en los procesos que determinan el funcionamiento del Sistema Tierra. Es decir, el efecto de la actividad antrópica sobre el sistema climático global, con dos características que lo hacen diferente de otros cambios producidos a lo largo de la historia de la Tierra. La primera diferencia es la extraordinaria rapidez con la que los cambios se están produciendo y, la segunda, el hecho de que solo una especie, la humana, es culpable de todos ellos. Hay dos factores principales que influyen en este proceso: la presión demográfica con el cambio de usos del suelo que genera, y el conjunto de actividades antrópicas que afectan, no solo a la superficie terrestre, sino también a la atmósfera que la envuelve. En este caso, el aumento de los gases de efecto invernadero desde el inicio de la Era Industrial, se ha demostrado determinante. Los sistemas de producción y consumo energía son el principal factor responsable.

A pesar de los grandes esfuerzos científicos que se han hecho para tratar de precisar las causas y paliar o mitigar los efectos de todos estos cambios, las incertidumbres son aún notables. Uno de los principales problemas es la ausencia de series de registros de indicadores climáticos con suficiente extensión temporal para extraer conclusiones razonables a medio y largo plazo. El análisis de los datos instrumentales recogidos por estaciones meteorológicas, aforos en los cursos fluviales, mareógrafos, etc., permite obtener datos de interés sobre la evolución más reciente de algunos factores climáticos. Pero este tipo de registros, apenas abarcan algo más de un siglo. En España, muchos de los datos instrumentales completos y fidedignos, comenzaron a tomarse a principios del siglo XX y, por tanto, a pesar de su exactitud, apenas resuelven el problema. Un ejemplo, es el de los registros de aforo que se iniciaron en 1912. Además, se interrumpieron entre 1932 y 1942 por razones diversas, entre ellas, la Guerra Civil. Para intentar separar los datos de variabilidad climática natural de los producidos por las actividades humanas con la garantía de obtener conclusiones razonables, es necesario retrotraerse varios milenos. Pero ¿cómo resolver el problema? No es sencillo. La Ciencia utiliza lo que se conoce con la palabra inglesa de proxies climáticos, es decir indicadores indirectos mediante los cuales pueden estudiarse las características de los climas del pasado.

Paleoclimatología

La Paleoclimatología utiliza los datos que provienen de registros naturales de la variabilidad climática, como son, los registros contenidos en distintos tipos de documentos históricos, el estudio de los anillos de crecimiento de los arboles (Dendrocronología), de los testigos de hielo, de las asociaciones de polen fósiles (Palinología), de los sedimentos oceánicos, o de las pautas de crecimiento de algunos organismos como los corales. Todo este tipo de análisis necesita utilizar técnicas sofisticadas y laboriosas. La extensión temporal de los datos que pueden obtenerse de cada una de ellas es diferente y también limitada. Como ejemplo, en el caso de la Península Ibérica, la dendrocronología que estudia los anillos de crecimiento de un conjunto de árboles distribuidos por todo el territorio en áreas en las que quedan bien marcadas las variaciones anuales, solo abarcan un intervalo temporal de unos 1000 años. En adelante, nos centráremos solo en dos de las especialidades poco conocidas pero que proporcionan datos de gran interés paleoclimatológico: la Climatología Histórica y la Paleohidrología.

Climatología histórica

Es una especialidad que utiliza documentos históricos de interés para la reconstrucción de las series climáticas. Las fuentes pueden ser de carácter administrativo, agrario, de observaciones instrumentales antiguas, etc. También, de algo tan específico, como los documentos relativos a las rogativas pro pluvia o ad petendam pluviam (pidiendo la lluvia) o las pro serenitate (solicitando su cese). En España la práctica de rogativas se ha desarrollado durante siglos. El protocolo seguido era idéntico siempre que la situación requería la celebración de una ceremonia de rogativa. El control lo ejercían directamente las instituciones, civiles y eclesiásticas, con competencias y responsabilidades perfectamente definidas.

Producida la situación que requería una rogativa, se actuaba invariablemente de la misma forma:
  1. El gremio correspondiente de agricultores lo comunicaba a las autoridades municipales.
  2. El gobierno municipal evaluaba la gravedad de la situación y pedía a las autoridades eclesiásticas la celebración algún tipo de rogativas.
  3. Las autoridades eclesiásticas realizaban entonces las gestiones necesarias, incluyendo en el calendario de actividades la rogativa correspondiente y haciéndola pública para general conocimiento.
  4. Por último, tenía lugar en tiempo y forma la rogativa, según lo acordado por las autoridades municipales y eclesiásticas.
Cada una de las actuaciones necesitaba trámites, deliberaciones y determinaciones que quedaban perfectamente registradas, paso a paso, en las actas municipales. También en las actas de capítulos catedralicios, donde se reflejaba cada rogativa en el calendario litúrgico correspondiente. Lo que hace muy valiosos este tipo de datos para el análisis paleoclimático es que, además de la precisión y fiabilidad de los registros documentales, los tipos de rogativa dependían de la gravedad de la situación. El catálogo estaba codificado en cinco niveles de la forma siguiente:
  1. Preventivo. Oraciones dentro de las iglesias al terminar las misas.
  2. Medio. Acto interior (intra ecclesiam) con exposición de reliquias o imágenes del intercesor y con recorrido por la iglesia o por un claustro si lo había
  3. Severo. Acto fuera de la iglesia (extra ecclesiam). Procesión o procesiones por las calles de la población con imágenes y/o reliquias de los intercesores.
  4. Grave. Inmersiones en agua de reliquias o imágenes de especial veneración. Acabaron por prohibirse debido a los daños que causaban en las reliquias y se sustituyeron por misas generales de difuntos o exposiciones del Santísimo Sacramento.
  5. Crítico. Peregrinaciones a santuarios o ermitas. Por tanto, en estos casos, además de la intensidad del episodio climático, es posible determinar su ámbito geográfico.
Sin duda todo este conjunto de datos debe ser analizado y evaluado por especialistas muy expertos. Los resultados son estimables por la exactitud de los registros documentales y porque la codificación en niveles de las rogativas permite, mediante un sencillo tratamiento estadístico, obtener series de la variabilidad climática en los periodos comprendidos en los registros documentales.

Paleohidrología

Una de las principales incertidumbres de los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, es la predicción de crecidas e inundaciones fluviales extremas en respuesta al Calentamiento Global. El valor de las técnicas paleohidrológicas, reside en la posibilidad de ampliar los registros de eventos fluviales extremos a los últimos milenios y de relacionarlos con el clima. Para ello, se utilizan los sedimentos depositados por los ríos durante las inundaciones de gran magnitud, pero de baja frecuencia. Las grandes crecidas fluviales provocan el transporte de una elevada cantidad de sedimentos en suspensión que se acumulan en las llanuras aluviales, en cavidades y en remansos donde la velocidad del agua es muy baja, normalmente menor de 0,2 m.s-1. La superposición a lo largo del tiempo de los depósitos dejados por cada inundación, conforma las páginas del libro donde ha quedado impresa la historia de las crecidas ocurridas en el pasado. La altura sobre el fondo del cauce a la que se localizan los sedimentos, determina el nivel mínimo alcanzado por el agua durante la crecida. Esto permite calcular los caudales de agua que evacuó el río durante las sucesivas avenidas. Si además se datan los depósitos utilizando métodos radiométricos, arqueológicos, etc., se pueden reconstruir con una aproximación razonable, los periodos de concentración de las avenidas mayores y separarlos de aquellos en los que los ríos apenas han producido inundaciones importantes.

No hay duda, de que las series temporales así obtenidas, tienen correlación con periodos de máxima actividad de fenómenos extremos y, por tanto, con la variabilidad temporal del clima. Por otra parte, aunque este tipo de técnicas no proporciona series temporales tan precisas como las de los registros instrumentales o las del estudio de los anillos de crecimiento de los árboles, tienen la ventaja de que permiten obtener datos de todo el Holoceno, es decir, de un periodo de la historia de la Tierra que abarca aproximadamente los últimos 11000 años.

Los estudios paleohidrológicos en España orientados a la mejor comprensión del Cambio Climático

Los registros más completos proceden de las investigaciones que se han realizado en la cuenca del río Tajo, cerca de Puente del Arzobispo (Toledo) y en Alcántara (Cáceres), donde se han podido reconstruir las principales crecidas de los últimos 17000 años (Benito, et al. 2009). Las crecidas más catastróficas se concentraron en tres periodos comprendidos entre los años 8540 y 8110 a.C. (antes de Cristo), alrededor del año 5000 a.C. y entre el 785 y el 1205 de nuestro calendario (A.D.). Los caudales máximos superaron los 4.100 m3s-1 en Puente del Arzobispo y los 15.000 m3s-1 en Alcántara. Los periodos comprendidos entre los años 8110-7500 a.C., 7000-5000 a.C. y 1205-1450 A.D., también registraron crecidas frecuentes, pero de moderada o baja magnitud. De entre todos los períodos con elevada frecuencia de crecidas extraordinarias, destaca el comprendido entre los años 8540 y 8110 a.C. cuando se sucedieron, al menos, doce inundaciones catastróficas que supondrían hoy un serio riesgo para poblaciones como Toledo y Talavera de la Reina. Afortunadamente, las obras hidráulicas, tan denostadas por muchos ecofundamentalistas lo evitarían, puesto que regulan los caudales de las cuencas fluviales en los momentos de los eventos extraordinarios más peligrosos.

En el periodo comprendido entre 1910 y la actualidad, en el que se dispone de registros instrumentales, los ríos Atlánticos de la Península Ibérica han experimentado una disminución de la frecuencia de las crecidas ordinarias. En las cuencas mediterráneas, los datos indican un aumento en la irregularidad hidrológica y de la generación de crecidas relámpago.

Por otra parte, no hay que olvidar los aspectos humanos y económicos. En España, los desastres naturales de este tipo produjeron entre 1971 y 2002 daños materiales superiores a 3.400 millones de euros, ocasionando casi 1.700 víctimas mortales. Hay estudios que demuestran el incremento considerablemente, casi exponencial, de víctimas mortales y de pérdidas económicas en las últimas décadas. En la última del siglo XX se incrementó el tipo de precipitaciones convectivas que generan crecidas relámpago en cuencas pequeñas, como las ocurridas en Yebra y Almoguera (Guadalajara), Biescas (Huesca), Alicante y Badajoz, con 207 víctimas mortales. Este cambio en los patrones de magnitud y frecuencia de diverso signo en las cuencas atlánticas y mediterráneas puede interpretarse como una señal clara de cambio en las tendencias actuales del clima.

Las crecidas de los ríos peninsulares en los últimos 2500 años

Cuando se analizan las series temporales de las que se dispone sobre las inundaciones en los últimos 2500 años, se observan diferentes cambios en los patrones de la frecuencia y magnitud de las crecidas y de las sequías. La mayor parte de ellos se producen en momentos de transición climática. El incremento y la severidad más notable de las inundaciones de los ríos que drenan al Mediterráneo se produjo entre los años 1580-1620 y 1840-1870. Igual sucede en las cuencas atlánticas, aunque en este caso, se detectan cuatro periodos distintos entre 1590 y 1610, 1730-1760, 1780-1810 y 1870-1900.


El río Tajo a su paso por el Puente de Alcántara

El río Tajo, en el tramo comprendido entre el emblemático puente romano de Alcántara y la frontera con Portugal, ha proporcionado datos muy interesantes de los últimos 150 años y es un ejemplo ilustrativo de los resultados que pueden obtenerse a partir del estudio de los sedimentos depositados por las inundaciones mediante la aplicación de las técnicas paleohidrológicas. Como se observa en el gráfico adjunto, en algunos momentos del siglo XIX, la luz de los ojos centrales del puente quedó reducida a su mínima expresión. Se alcanzaron caudales de hasta 14.899 m3s-1. Una idea de la magnitud de estas crecidas la proporciona la comparación con el caudal medio actual del río Tajo que, en esta parte de su curso, se cifra en aproximadamente 133 m3s-1.

A veces me pregunto: ¿cuántas veces los eficientes ingenieros romanos debieron reconstruir el puente de Alcántara después de una riada catastrófica? Habrá que consultar con algún especialista en esta parte de la Historia por si existen documentos que lo acrediten.

Para saber más

Riesgos Naturales, Crecidas fluviales y Cambio Climático. G. Benito et al., Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 2009, 17:155-163.

sábado, 11 de marzo de 2017

SECTOR ELÉCTRICO, TRUCO O TRATO

Publicado en El Asterisc* Opiniones y Notas al Margen. Ciencia y Cultura

Por Alfonso Sopeña 11 Marzo, 2017.


Aunque la versión libre de trick-or-treat que utilizan en Halloween los niños norteamericanos cuando recorren las calles debería ser algo como “o me das chuches o te vas a enterar”, el “truco o trato” de la traducción literal utilizada en España, define bien lo que durante las últimas décadas ha sido y es, el sistema energético español.

Tanto los cambios legislativos que los Gobiernos del PSOE llevaron a cabo, como las casi innumerables modificaciones en forma Leyes o Reales Decretos Ley de los Gobiernos del PP, terminaron de sumir el sector energético español en un caos casi absoluto

Las consecuencias de la crisis económica, negada por el Presidente del Gobierno de entonces, José Luis Rodríguez Zapatero, antes de las Elecciones Generales del año 2007 y asumida mucho tiempo después con gran vacilación a la hora de tomar decisiones para abordar el problema, pusieron de manifiesto de forma muy clara, la urgencia de un Plan Energético Nacional que trascendiera la lucha y el encono con el que se produce habitualmente el debate político en nuestro País. Sin embargo, tanto los cambios legislativos que los Gobiernos del PSOE llevaron a cabo, como las casi innumerables modificaciones en forma Leyes o Reales Decretos Ley de los Gobiernos del PP, terminaron de sumir el sector energético español en un caos casi absoluto, y, en particular, al Sector Eléctrico. Una nefasta consecuencia de todo ello ha sido el aumento de la llamada pobreza energética, tan de moda en estos momentos y también, tan utilizada de forma demagógica por algunos sectores del populismo que invade la actual política española.

El consumidor español llegó a deber a las compañías eléctricas más de 40.000 millones de euros por el llamado déficit de tarifa eléctrica, es decir por la diferencia entre los precios cobrados a los consumidores y los reconocidos por el estado a las compañías eléctricas

Lo cierto es que la subida del coste de la electricidad ha sido brutal. El consumidor medio cuando recibe la factura “de la luz”, mira los euros que paga y los kWh consumidos. El resto, o no lo entiende muy bien, o le da lo mismo, porque en último caso, lo importante es la última cifra de la factura, con el IVA incluido. Hay que repetir hasta la saciedad que, aunque con ligeras variaciones, el coste real del consumo y de la distribución, representa menos de la mitad de la factura (43%). El resto son impuestos de diversos tipos, incluyendo el 21% de IVA. Pues bien, en mayo del año 2004, cuando llegó Rodríguez Zapatero al Gobierno, un consumidor medio con una potencia contratada de 5,5 kW y un consumo de 257 kW abonaba una factura de 35,86 €. En enero de este año 2017, por un consumo de 268 KW se pagan 78,86 € (*), es decir se ha duplicado el coste. La factura había aumentado ya hasta un 80,61 % en 2011 al entrar el PP en el Gobierno. Pero, además, según los datos más fiables, el consumidor español llegó a deber a las compañías eléctricas más de 40.000 millones de euros acumulados, por el llamado déficit de tarifa eléctrica, es decir por la diferencia entre los precios cobrados a los consumidores y los reconocidos por el estado a las compañías eléctricas. La titulación de gran parte de la deuda que tiene su origen en decisiones políticas de los Gobiernos, es una forma de eliminarla del balance de las empresas, pero, ¡evidentemente! habrá de pagarse de alguna manera a las entidades que aceptaron su transmisión y, al fin y al cabo, por muy legal que sea, no deja de ser un tipo de “contabilidad creativa”.

¿ha desaparecido tan enorme deuda o está escondida? En efecto, la deuda existe y el déficit anual lo pagamos escondido por medio de varios mecanismos que podrían llamarse artificios contables

Hasta aquí algunos los datos, ahora los trucos y los tratos. Sorprendentemente el enorme déficit de tarifa desapareció de un año para otro y según la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia (CNMC), existe un superávit desde el año 2014 próximo a los 1.000 millones de €. Pero… ¿ha desaparecido tan enorme deuda o está escondida? En efecto, la deuda existe y el déficit anual lo pagamos escondido por medio de varios mecanismos que podrían llamarse artificios contables, pero que quizá es más adecuado llamarles trucos debido a que la mayoría de los consumidores no se ha enterado de nada, solo que paga más que antes. Es como el espectador delante del ilusionista que hace desaparecer la paloma dentro de la chistera. Sin entrar en mayores consideraciones, lo esencial es que, si bien es cierto que se han rebajado las primas por la producción de electricidad mediante energías renovables (desconocemos si estas cuantías se deben a que están cerca de alcanzar la madurez), sobre el consumidor sigue gravitando el peso de la deuda por dos vías principales: los Presupuestos Generales del Estado, es decir el dinero de todos los contribuyentes (unos 3.000 millones de euros en 2016) y los pagos por capacidad (antes llamados garantía de potencia) que se esconden incluidos en el término de energía de la factura y que se cobran al doble de su coste real según los datos proporcionados por la CNMC. Se trata de unas cantidades que se pagan a las eléctricas como medio de supervivencia para las centrales con un funcionamiento muy bajo pero que son necesarias para la estabilidad del sistema, en estos momentos, principalmente los ciclos combinados. Este sistema de compensación ya ha sido cuestionado por la Unión Europea que lo considera excesivo.

En resumen, un enorme fárrago de conceptos, difícilmente comprensibles para el consumidor medio, explicitados o no en la factura y donde se incluyeron o se incluyen, la potencia eléctrica contratada, el consumo eléctrico, el alquiler de equipos, el transporte de la electricidad, las subvenciones y primas a las energías renovables, un impuesto sobre la electricidad, el IVA, la distribución, la amortización del déficit de tarifa, el coste de la Comisión Nacional de la Energía, la interrumpibilidad del sistema, los costes de extrapeninsularidad y algunos otros, como subvenciones al carbón, la moratoria nuclear, etc.

Ante esta situación cabe hacer dos preguntas:
  1. ¿Debe el consumidor pagar todo este rosario de cargas económicas en su factura eléctrica, muchas de las cuales se deben exclusivamente a decisiones políticas gubernamentales? En mi opinión rotundamente no. El usuario debe conocer y pagar por el coste de la generación de electricidad consumida, por el transporte y por la distribución, añadiendo exclusivamente el IVA. En el caso de que el consumidor tuviera instalado un sistema de autoconsumo con balance neto debería descontarse de la factura el importe de la energía aportada a la red.
  2. ¿Cómo y por qué se ha llegado a esta situación? La respuesta en este caso es más sencilla: por el trato implícito, pero evidente, que existe entre los Partidos Políticos y las Empresas Energéticas. Todas las actuaciones de los sucesivos Gobiernos en relación con este sector, capital para la economía española, han estado y están, mediatizadas por la simbiosis entre la política y la oligarquía energética. Las llamadas puertas giratorias lo evidencian. No parece necesario insistir sobre en un asunto al alcance de cualquier ciudadano interesado. Hay numerosas publicaciones y datos en las redes sociales, de la pléyade de políticos que han pasado de la política activa a distintos puestos en las grandes Compañías del Sector, desde expresidentes del Gobierno como Felipe González y José María Aznar, hasta simples exlíderes ocasionales de algunos Partidos. Por último, ¿Alguien puede creer que muchas de las decisiones políticas o empresariales no están trufadas de las influencias mutuas de estos importantes personajes de la política española, e incluso internacional?. Las necesarias, e indispensables, negociaciones técnicas entre las compañías privadas y los Gobiernos deben realizarse con total independencia de criterio por ambas partes y al margen de la intervención de cualquier intrusismo político. Mientras esto no suceda, España no podrá disponer de un verdadero e indispensable Plan Energético Nacional a medio y largo plazo que coadyuve a relanzar la economía y cree verdadera riqueza para los ciudadanos.
(*) Datos reales tomados de sendas facturas de la misma compañía suministradora