sábado, 7 de marzo de 2015

¿Deben los Partidos Políticos acreditar el curriculo de sus cargos públicos?

Aunque el fenómeno no es nuevo, lo pone de actualidad el reciente auge mediático, social y político de Podemos, como respuesta a la negativa de PP, PSOE, IU, CIU, etc., a asumir sus responsabilidades frente a la corrupción institucional y a la crisis económica. La vanidad incrementada con el deseo de acceder a puestos relevantes que no se corresponden con los méritos alegados es probablemente tan antigua como la especie humana. Un ejemplo claro es el de las falsificaciones, o simplemente, adornos, presentaciones ampulosas y exageradas que con frecuencia pueden leerse en los curricula de profesionales, políticos, y algunos opositores.

Asistimos estos meses a una búsqueda desenfrenada por parte de algunos periodistas y medios de comunicación, de posibles mentiras y tergiversaciones en los méritos alegados por los recién llegados a la política de partidos. En estas pesquisas se han cometido excesos. El periódico El País se atrevió a titular en Primera página "Monedero falseó la mayor parte de su currículo académico". Poco después, tuvo que rectificar esta pretendida información exclusiva, puesto que lo hecho por este profesor universitario, fueron solo "adornos excesivos"del currículo. Es está una práctica demasiado frecuente en determinados ámbitos universitarios. Cierto que Monedero no dice, por ejemplo, en el currículo disponible en Internet que se integró en el cuerpo de Profesores Titulares de Universidad sin opositar, por Resolución de 15 de enero de 2009, de la Universidad Complutense de Madrid (BOE Lunes 16 de febrero de 2009) siendo ya funcionario de Escuela Universitaria. Pero es cierto que es Profesor Titular de Universidad, lo mismo que son ciertos otros extremos de su currículo que se habían puesto en duda.

Hay determinados sectores de la política española en los que se han dado casos muy llamativos de verdaderas falsificaciones. Baste recordar las dudas y certezas sobre los casos relativamente recientes de las simulaciones de Bernat Soria, de Bibiana Aido con sus dos licenciaturas, una de ellas de nueve meses, del falso doctorado de Pilar Raola de Esquerra Republicana de Cataluña, o de la vicepresidenta del Govern, Joan Ortega, que no es licenciada en Psicología como figuraba en su currículo. ¡Por supuesto! siempre son errores y casi siempre de transcripción.

Los políticos deben ser intachables en su actividad pública. A la política se accede de forma voluntaria y por tanto las mentiras y las corruptelas de cualquier tipo, debe estar rigurosamente prohibidas y deben ser severamente sancionadas. Causa verdadera perplejidad escuchar las justificaciones que unos y otros hacen de las tropelías cometidas. Incluso, los recién llegados aprenden pronto. Cada día aflora un nuevo caso de cinismo político. Hoy por ejemplo, Iñigo Errejon, quién en su tesis doctoral se identifica con "el corazón comunista" como signo de identidad pura y casta, se declara satisfecho de que la Universidad de Málaga solo "proponga su inhabilitación por incumplir su contrato como investigador" por el que percibió un sueldo mensual bruto de 1.825 euros durante nueve meses.

Pero ciñéndonos al tema curricular: ¿es tan difícil evitar que accedan a cargos públicos políticos con un currículo falso?. La respuesta es no. En cualquier oposición de acceso a los Cuerpos de Administración del General Estado, a profesores universitarios en sus distintas categorías, investigadores científicos, administrativos, etc., etc., se exige acreditar de forma rigurosa cualquier dato que los opositores incluyan en su currículo. Las certificaciones y las fotocopias compulsadas son el procedimiento habitual en estos ámbitos laborales. ¿Es menos importante un cargo político de representación de los ciudadanos en un Parlamento Nacional, Autonómico o Europeo? Es evidente que no. Por lo tanto, en aras de la transparencia tan necesaria en la política española, todo Partido Político debe exigir a sus cargos públicos las acreditaciones documentales de cada uno de los méritos que figuren en su currículo. Esta práctica tan simple, daría tranquilidad a los ciudadanos que les votan y a las propias direcciones de los Partidos. Se evitarían sorpresas desagradables, en el caso de que se descubriera con posterioridad que algunos de sus diputados, nacionales o europeos, ni tienen las licenciaturas que proclaman, el sinnúmero de másteres que dicen haber cursado o los cursos y puestos que dicen haber ocupado.

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